Van a por nuestros hijos. 1ª parte. Caso real.

El trastorno infantil inducido ya es ley. No se trata de sembrar confusionismo de ideas contra menores de trece o catorce años, se trata de atacar la identidad natural de criaturas de cuatro años en adelante.

La intromisión de los gobiernos en la educación de los niños eliminando la potestad de los padres en favor de las autoridades y el Estado, quienes deciden qué es lo correcto y cómo hay que educar a los niños, cambiando el sistema educativo con el transgénero como alternativa -y preferencial según lo que sienta el niño, su deseo, independientemente de su edad y formación- ya está en nuestras escuelas desde hace tiempo y crece imparable como metástasis terminal.

Por ejemplo, según el “Protocolo de actuación sobre  identidad de género del sistema educativo andaluz” de la Consejería de educación, cultura y deporte de la Junta de Andalucía, “tiene como objeto establecer orientaciones y pautas de intervención para la adecuada atención educativa del alumnado menor de edad no conforme con su identidad de género”, o sea, se interviene a menores -sin especificar una edad mínima, como veremos después a partir de cuatro años ya se puede- que no están conformes, que sienten, esta es la clave, que su sexo no se corresponde con su identidad, con su sentimiento.  Basta que un menor sienta que es bisexual, transexual o pangénero, para empezar con la “terapia” de reasignacion para que se le proporcione la “adecuada atención educativa” y “orientaciones” que, por supuesto, buscan reafirmar el sentimiento del menor hacia su nueva identidad. !Sin esperar a la formación y desarrollo de su personalidad!
Veamos un caso real aparecido esta misma semana cuando dos madres lesbianas de un niño de cuatro años se han dirigido al resto de padres de la misma escuela con un escrito a través de la Junta de Andalucía; “como os comentarán vuestras hijas e hijos a la vuelta del cole, nuestra hija x (al que habéis conocido como h) ha dado un paso importante -con cuatro años recordemos- vivir con arreglo a su nueva identidad de género, es decir, como la niña que realmente siempre ha sido. La familia nos sentimos orgullosas de su valentía.
Como comprenderéis esto no responde a un capricho -debemos presumir que la criatura, consciente de su nueva realidad, ha tomado las riendas de su vida-; la identidad sexual viene determinada por su sexo psicológico -claro, viene determinado por el sentimiento/psicología de un niño de cuatro años- que está perfectamente asentado en cualquier persona a partir de los tres años de edad -chiflada requiere internamiento-, que en ocasiones, como la de nuestra hija, no coincide por el determinado al nacer. En poco tiempo os acostumbraréis a dirigiros a ella por su nuevo nombre y en femenino. El asunto lo hemos abordado con la Dirección y el equipo docente -equipazo para la Champions- y con el resto de profesionales” -se refiere a los “profesionales” que se detallan más abajo-.
Como dice la Junta de Andalucía -similar a muchas otras comunidades autónomas-; “la Consejería competente en materia de educación podrá promover y establecer colaboraciones con otras entidades públicas o privadas relacionadas con la protección de los derechos de identidad de género, así como con asociaciones, federaciones y confederaciones de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales, en materia de asesoramiento y apoyo al alumnado transexual, a sus familias o representantes legales y a la comunidad educativa”.
Estos son los que forman parte del plantel profesionalísimo al que debemos dirigirnos con nuestros hijos; lesbianas, gays, transexuales y bisexuales y sus respectivas asociaciones, federaciones y confederaciones. Otro gran salto para la Humanidad, sin duda.
Y en este otro pueden regocijarse con el Manual de Salud Sexual que se difunde en las escuelas de Suecia, país en fase de no retorno, donde se mezcla mestizaje, homosexualismo, transexualismo, sexo grupal, etc. Sólo con que vean los dibujos y se fijen en los atributos y posturas de sus personajes será suficiente para provocarles el vómito. Esto es lo que nos espera en el futuro inmediato, el camino a seguir para nuestros hijos que nos están imponiendo. Que ustedes lo disfruten.
Miguel Martín
News Reporter

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