Una banda de marroquís violan a una chica en Vilanova i la Geltrú.

Totalmente desapercibido ha pasado el ataque de 6 jóvenes marroquís (uno de ellos menor de edad) a una mujer que se dirigía al trabajo pasadas las diez de la noche en el municipio de Vilanova i la Geltrú. La chica denunció el pasado 10 de diciembre además del abuso sexual (unos medios hablan de abuso otros de violación) varias lesiones e insultos xenófobos por lo que la tribu fue acusada de “agresión sexual y un delito de odio y discriminación”. El juez decretó libertad con cargos para los detenidos.

Cuatro días después sólo cien personas se concentraron para protestar por el ataque, convocadas por la Asociación de Mujeres La Frontisa. Los medios, como siempre, tratan similares noticias como más a filo les venga, el caso de los chicos de La Arandina o los de “la manada” tuvieron y tienen una mayor cobertura no por casualidad sino por objetivos políticos consensuados. En algunos países europeos los medios no pueden referir la nacionalidad de los agresores y criminales para proteger el programa de integración multicultural. Simplemente con mencionar que los violadores son marroquís, tal y como he leído en algún rotativo, me ha valido varios señalamientos e insultos del guión automatizado, racista, xenófobo y hasta fascista.

Ya me esperaba el ataque mediocre típico de estos casos, sin la menor tintura de razocinio, donde el sólo hecho de decir la nacionalidad de los criminales es respondido con el manoseo inmediato de que, nosotros, los españoles, tenemos a muchos violadores y que la nacionalidad en estos casos no importa y debe obviarse. Cierto es que todos los países tienen su propia chusma, sus psicópatas, asesinos, pedófilos, etc, razón de más para evitar importar a los de afuera y encima mantenerlos. Elemental sentido común, señores.

El agarbanzamiento monocromático que pretende consolidar el pensamiento único multicultural tiene un verdadero ejército que en su inmensa mayoría no sabe de dónde llueve, una corte de bienquedas peloteados entre lo políticamente correcto y el turbión de infantiles cordialidades solidarias que, creen, les llevará a un mundo mejor.  Pero la realidad hace piruetas muy por encima de la colectiva alucinosis y muestra desde hace años los acosos y violaciones en masa que perpetran individuos musulmanes en las vías públicas. Es el ya conocido “taharrush”, se trata de una práctica de origen árabe mediante la cual varios hombres rodean a la mujer solitaria para abusar de ella, en algunos casos incluso llegando a la violación. A veces los asaltantes aprovechan que la víctima está aterrorizada, en estado de shock y no puede responder para robarle.

Esta práctica está muy internacionalizada. En el 2011, la periodista Lara Logan, que informaba en directo desde la plaza Tahrir de El Cairo sobre los acontecimientos de la”primavera árabe”, fué víctima de una turba de perros salidos a los cuales ni siquiera les importó la cámara para cometer su crimen. Lara fué violada múltiples veces y finalmente hospitalizada. Gracias a aquellos hechos muchos pudimos tomar conciencia de esta práctica. En Colonia, más de 200 hombres en la fiesta de Nochevieja participaron en el mismo “juego” con varias mujeres, 19 de los identificados eran “extranjeros de origen árabe”. La coordinación entre ellos es simple, unos distraen la atención de posibles testigos, lanzando petardos o bengalas, e impidiendo que alguien penetre en el círculo donde se cometen los ataques. Al ser muchos y reinar la confusión, salen airosos la mayoría de las veces.

Posiblemente el de Vilanova sea el primer caso de “taharrush” a pequeña escala que ocurre en España. Deberían las autoridades tomar buena nota para no fomentar ésta psicología de cazadores, también las asociaciones feministas y cotarros de Violencia de Género tendrían que expresarse con más contundencia cuando los violadores son individuos de esa pretendida religión de paz que trata a las mujeres como despojos y seres inferiores.

 

Miguel Martín
News Reporter

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