La Torre de Babel

He aquí que todos forman un solo pueblo y todos hablan una misma lengua, siendo este el principio de sus empresas. Nada les impedirá que lleven a cabo todo lo que se propongan. Pues bien, descendamos y allí mismo confundamos su lenguaje de modo que no se entiendan los unos con los otros.

Génesis, 11, 5-9

Garitano-Eibar-Torre-de-Babel

Aun a riesgo de ser acusado de retrógrado, fascista y opresor, recientemente he abierto la Biblia para repasar el relato bíblico de la Torre de Babel a cuenta del desafortunado incidente que un tal Garitano, entrenador de la Sociedad Deportiva Éibar, ha protagonizado hace unos días al levantarse airado de una rueda de prensa en Almería, tras enfrentarse al equipo local, y recibir las críticas de los periodistas presentes por dedicarse a responder en vascuence. Lo sé, el suceso es baladí, el fútbol es el opio del pueblo y los prohombres que dirigen nuestros designios jamás se manchan con el polvo de ese camino. Pero que quieren que les diga, uno reflexiona con lo que puede.

Tras leer las Sagradas Escrituras, repasé la Constitución Española, como si hubiera intuido la mano del vengativo Jehová del Antiguo Testamento en su articulado. No hay que rascar mucho, el título preliminar de nuestra norma normarum que tan poco respetamos, consagra la oficialidad de las lenguas en España, introduciendo así un caballo de Troya en lo que nació como texto integrador y que buscaba unificar a la patria, para establecer los idiomas en los que imperativamente debemos comunicarnos dependiendo de donde estemos, todo ello en una clarísima intromisión en la libertad individual.

Esta disposición constitucional, a mi juicio liberticida, además de cumplir con la cita del Génesis que comienza este post, abrió la puerta a lo que son hoy las lenguas en España: un arma arrojadiza al servicio del nacionalismo empleada como el más eficaz arado en la siembra de la cizaña, la discordia y la secesión. Un autentico atentado contra la libertad en sí mismo, al restringirse el más básico derecho de la persona a comunicarse y educarse como le parezca oportuno. Me ahorro los ejemplos, más que de sobra conocidos.

Si hay un elemento que le es propio a la evolución lingüística de los pueblos, es la espontaneidad y el uso que se va haciendo de la lengua a lo largo de los siglos. Es la sociedad quien hace del idioma para ir difundiéndolo, cambiándolo y adaptándolo a los tiempos. En palabras de Hayek, la lengua es lo más democrático que existe pues todos tenemos participación en ella, con lo que resulta innegable que los cambios que experimenta dependen en mayor medida del natural devenir los tiempos y las circunstancias de quienes la hablan. No cabe por tanto en estos menesteres la imposición de ningún político, aprendiz de déspota, que decida qué, cómo y cuándo tienen que hablar sus electores urbi et orbi. He aquí la paradoja de nuestro sistema lingüístico: la oficialidad torna en muchos casos en artificialidad impuesta, y de tal forma se tuerce la voluntad de las personas sobre en qué idioma deben ser educados sus hijos, como deben nominar a sus negocios, de qué manera se deben relacionar con la administración o que lengua deben nominar para poder acceder a un empleo, no siendo esto último un requisito de calidad propio del negocio sino una imposición libertigislativa, si se me permite el neologismo.

El suceso de Almería que inspira estas letras, no deja de ser una falta de educación perpetrada por un hijo de la oficialidad de la lengua con mucha boina, poca cortesía y nula amplitud de miras. Todo aquel que haya podido viajar un poco más lejos de Almería y se haya relacionado con personas de otra parla, siempre y en todo caso ha procurado tender puentes lingüísticos para buscar el entendimiento, aunque fuera por meros motivos prácticos. Asimismo, en presencia de terceros que no entienden el idioma en el que se habla, cualquiera bien educado con un mínimo de corrección, siempre procura usar el que sea común a todos, con el fraternal propósito de no excluir y facilitar el entendimiento. El árabe, el hindi, el español, el inglés, el swahili, el chino mandarín, el ruso y tantos otros, son ejemplos de lenguas universales e integradoras que los hombres espontáneamente han adoptado para entenderse, en lugar de marginarse, sin perjuicio de cuál sea su lengua materna. Incluso las muertas tienen grandiosas utilidades científicas comunes a todos.

Y todo aquel que haya tenido la inquietud de leer y salir de su pueblo, Villanueva de San Andrés, hoy conocida como Éibar, por ejemplo, sabría que en otro tiempo sus ancestros fundaron ciudades allende los mares como la mexicana Victoria de Durango o la colombiana Medellín. Eso sí, ni a Don Francisco de Ibarra ni a Miguel de Aguinaga y Mendigoitia, se les ocurrió el despropósito y desatino de dirigirse a sus soldados y seguidores en lenguas que eran desconocidas a la mayoría, sino siguiendo el consejo de Gonzalo de Berceo, uno de los primeros y fundamentales difusores de esa preciosa herramienta universal que aquí ninguneamos llamando castellano, y en todo el mundo conocen como español:

Quiero fer una prosa en román paladino
en el cual suele el pueblo fablar a su vecino

Es momento de reivindicar todo lo que nos une. Es hora de recuperar la cordura.

Mike Donnigan
News Reporter
Soy un abogado liberal de la Escuela de Weld; quizás no sea un genio, pero no dejo que otros piensen por mí. Rindo cuentas al tribunal de mi propia razón, ya que de Juvenal aprendí que es cosa torpísima el anteponer la vida al honor, y por salvar la vida perder la razón de vivir. Mi patria es mi cultura e intento ocuparme de mis cacharros, sin agobiarme por no saber hacer el barro; Siempre dispuesto a batirme, con la pluma o con el sable.

Anímate y déjanos un comentario: