Respuesta a la carta de los familiares y amigos del asesino Rodrigo Lanza

La sociedad y los medios de comunicación han vulnerado la “intimidad y presunción de inocencia de los investigados” por el asesinato de Víctor Laínez a quien, la progredumbre psicópata izquierdista, ha tratado de convertir en un fascista hitleriano exterminador, difundiendo fotos personales con supuestas amistades peligrosas de un simple y orgulloso patriota español.

La versión falsa y majadera de la mamá, familiares y amigos del asesino, es que el provocador y agresor fué Víctor y que Rodrigo Lanza es la víctima de un contubernio organizado por la extrema derecha. Varios testigos, conocidos y amigos directos del fenecido, declararon sobre la personalidad  bonachona y afable de Víctor y su buena predisposición con todos los vecinos.

Una carta plagada de mentiras tardías que viene a excusar el papel cobarde y alevoso de un malcriado tarado al que muchos politicastros y activistas de izquierda le otorgaron patente de corso para todas su tropelías vengativas a raíz de su condena por dejar tetrapléjico a un Guardia Urbano – padre de familia con cuatro hijos-, sobre la cual argumentaron un amañado montaje policiaco-judicial. Y claro, como la cosa no podía quedar así, Rodrigo declaró ante las cámaras que no sabía cómo ni dónde ni contra quién, pero que antes o después, se iba a vengar de tal “injusticia”. Y así perpetró su rabioso deseo el pasado día 8, cazando con nocturnidad a Víctor, por la espalda, propinándole, al menos, un recio golpe mortal en el cráneo con un objeto metálico -que después se preocupó de esconder- y cebándose en su indefensión, ya noqueado y en el suelo, donde continuó pateándole en el tórax y cabeza. Si el suceso no estuviese suficientemente claro hoy ya estarían preparando Ciutat Morta II.

Como el muerto ya no se puede defender -como no pudo hacerlo en vida- pretenden viabilizar el disparate contraargumental invirtiendo los papeles entre víctima y victimario, Víctor fué el amenazador, el provocador e insultador, que ejerció el terror contra unos jovencitos que sólo estaban tomándose unas copas, tan pacíficos y sorprendidos ante la actitud de “un facha con tirantes de España” que ya estaba, según ellos, llamando a sus amigos para agredirles -de risa ¿a quién se le ocurriría llamar a nadie tan entrada la madrugada para pedir ayuda habida cuenta de que Víctor se mostraba tan sobrado como para insultar, amenazar e intentar navajear a éste pollo él solito? Señora, no somos gilipollas.

Pero el falso esperpento continúa; “los chicos abandonaron el bar inmediatamente ante el miedo de que acudieran  amigos -inventados- de Víctor Laínez”. Pero vamos a ver, si abandonaron el bar, es decir, si se marcharon por delante de Víctor ¿cómo es que éste recibió el mortal golpe por la espalda, según el informe forense? ¿Abandonaron el lugar entonces, esperando agazapados para emboscar a Víctor y poder matarlo por la espalda? !Asesinato premeditado sin duda! Esta patraña nauseabunda es lo que quería colarnos la carta. Unas personas que abandonan el bar, ante un supuesto sujeto que les amenaza, escapando para protegerse de una posible agresión no puede resultar en los hechos contrastados de que la víctima fué atacada por detrás, golpeada en la cabeza. El intento vano de retrotraer la moviola acomodándola a la imperiosa necesidad de defensa no aguanta el peso de un mínimo razocinio elemental. Han metido la pata hasta el flequillo.

Todo lo demás es cascarilla burda, asquerosa e infumable, para dibujarse como víctimas, aquejados de “innumerables presiones y amenazas”, presentando a la sociedad como culpable por prejuzgar a su querido retoño, por “vulnerar varias directivas europeas” sobre la presunción de inocencia, dando pábulo a “informaciones no contrastadas” porque “Rodrigo se defendió con sus propias manos” y lo que hicieron él y sus amigos fué huir de un supuesto escenario donde corrían peligro. Pues no, señora, usted y el resto de la progresía deficiente mental no tienen excusa ni defensa posible, los golpes en el cuerpo de Víctor Laínez son el irrefutable testigo de que su hijo es culpable de asesinato. No debería contentarse con pedir respeto hacia el dolor de los familiares de la víctima, debería pedirles perdón por su muerte a manos de su hijo y cerrar ésa bocaza llena de babazas e hipocresía. Y de paso, pedirnos perdón a todos nosotros por haber insultado nuestra inteligencia pretendiendo que nos creyéramos semejantes virutas peripatéticas.

 

 

 

Miguel Martín
News Reporter

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