De políticos presos a presos políticos

De cómo, aunque la mona se vista de seda, mona se queda

El lenguaje tiene muy mala leche. Más aún, podríamos decir que las argucias del lenguaje se utilizan para maquillar la realidad, en un intento de deformarla a nuestro antojo. Lo vengo a decir porque, en el tema que nos ocupa, algún vendedor de humo ha decidido hacer de una situación simple, a primera vista, una situación caótica y confusa. Voy a intentar explicar este proceso. Así, a ver si se entiende a través de un juego de palabras, para forzar un poco más la maquinaria.

Caso base

Yo, junto con otras personas, he decidido realizar un delito para satisfacer a un grupo de personas que lo reclaman, aun sabiendo que esto es ilegal. El motivo es que este grupo de personas me ha empujado a ello, porque ha sido ese colectivo de personas el que me ha pretendido legitimar para ello, aunque no tuvieran dicha capacidad de legitimización al margen de las leyes establecidas. Se me ha avisado de que eso puede constituir un delito grave, que incluso puedo ir a la cárcel, pero yo actúo por ese grupo de personas que no tiene capacidad para legitimar mis actos.

Decido seguir adelante y, al final, he llevado a cabo el delito. El grupo de personas al que he escuchado está contenta, y pretende haberme legitimado para llevar a cabo la acción en cuestión. Sin embargo, yo ahora me tengo que enfrentar a unos cargos penales porque, a pesar de que me han avisado de que lo que hacía constituía un delito, he decidido ir hacia delante y me he encontrado con quienes velan porque la ley se cumpla. Pero bueno, lo cierto es que yo no quiero ir a la cárcel. ¿Solución? Pues como un calcetín sucio: ¡dale la vuelta! Resulta que yo no he cometido tal delito, porque yo en realidad soy una víctima. Cualquier cosa que alegues contra mí va a ser insuficiente ante mi calidad de víctima. No es que no deba tener responsabilidad penal, es que me tienes que pedir perdón.

Bueno, pues con esto tenemos la estructura de nuestra argumentación. Vamos ahora a darle cuerpo. Para que el lector no se aburra, puede centrar su atención en las partes en negrita, que es lo único que va a cambiar.

Caso “A”

Yo, junto con otras personas, he decidido coger el coche borracho para satisfacer a mis amigos que me ven esencial en toda fiesta y que lo reclaman, aun sabiendo que esto es ilegal. El motivo es que mis amigos me han empujado a ello, porque ha sido ese colectivo de personas el que me ha hecho imprescindible, aunque no tuvieran dicha capacidad de legitimización al margen de las leyes establecidas. Se me ha avisado de que eso puede constituir un delito grave, que incluso puedo ir a la cárcel, pero yo cojo el coche borracho por mis amigos que no tienen capacidad para legitimar mis actos.

Decido seguir adelante y, al final, he llevado a cabo mi conducción ebria. Mis amigos, a quienes he escuchado, están contentos, y pretende haberme legitimado para llevar a cabo la acción en cuestión. Sin embargo, yo ahora me tengo que enfrentar a unos cargos penales porque, a pesar de que me han avisado de que lo que hacía constituía un delito, he decidido ir hacia delante y me he encontrado con quienes velan porque la ley se cumpla al volver de la fiesta. Pero bueno, lo cierto es que yo no quiero ir a la cárcel. ¿Solución? Pues como un calcetín sucio: ¡dale la vuelta! Resulta que yo no he cometido tal delito, porque yo en realidad he recibido un trato vejatorio por quienes hacen cumplir la ley. Cualquier cosa que alegues contra mí va a ser insuficiente porque aquí lo importante es que me han vejado. No es que no deba tener responsabilidad penal, es que me tienes que pedir perdón.

 

Parece absurdo, ¿no? En caso de que hubiera ocurrido un trato vejatorio, lo suyo sería no eximir de responsabilidades a nadie, sino exigir las de ambos. Pues bien, estos días está ocurriendo algo que viene a ser así y esta es la solución que se viene planteando.

Caso “C”

Yo, junto con otras personas, he decidido declarar unilateralmente la independencia para satisfacer a un grupo de personas de pensamiento independentista que lo reclaman, aun sabiendo que esto es ilegal. El motivo es que el grupo de personas de pensamiento independentista me han empujado a ello, porque ha sido ese colectivo de personas el que me ha legitimado para ello, aunque no tuvieran dicha capacidad de legitimización al margen de las leyes establecidas. Se me ha avisado de que eso puede constituir un delito grave, que incluso puedo ir a la cárcel, pero yo declaro la independencia por un grupo de personas de pensamiento independentista que no tienen capacidad para legitimar mis actos.

Decido seguir adelante y, al final, he llevado a cabo mi declaración unilateral de independencia. El grupo de personas de pensamiento independentista, a quienes he escuchado, están contentos, y pretende haberme legitimado para llevar a cabo la acción en cuestión. Sin embargo, yo ahora me tengo que enfrentar a unos cargos penales porque, a pesar de que me han avisado de que lo que hacía constituía un delito, he decidido ir hacia delante y me he encontrado con quienes velan porque la ley se cumpla al acabar la fiesta. Pero bueno, lo cierto es que yo no quiero ir a la cárcel. ¿Solución? Pues como un calcetín sucio: ¡dale la vuelta! Resulta que yo no he cometido tal delito, porque yo en realidad no soy un político preso, soy un preso político. Cualquier cosa que alegues contra mí va a ser insuficiente porque aquí lo importante es que soy un preso político. No es que no deba tener responsabilidad penal, es que me tienes que pedir perdón.

Pues así puede uno evadirse de cualquier situación en la que haya sido penado, o al menos intentarlo. Tan solo tiene que buscar cómo darle la vuelta a la tortilla para pasar de delincuente a víctima. Pueden probar a seguir el esquema cambiando el delito, el grupo de presión y la vuelta a la tortilla, pero el resultado siempre será el mismo: un absurdo.

Acta est fabula
News Reporter
Ante la oportunidad de la decadencia se puede ser políticamente incorrecto. Y si necesita más galones, quizá no haya entendido nada. La Inquietud salvará al mundo, o nos extinguiremos por imbéciles.

Anímate y déjanos un comentario: