Lavapiés y la llegada de 5´5 millones de inmigrantes más.

Dice el FMI, según El País, que “precisamos” 5´5 millones de nuevos inmigrantes para “sostener las cuentas de la Seguridad Social”. Ya saben ustedes que, lateros, manteros y vendedores ambulantes de abalorios son lo suficientemente productivos como para colaborar al enriquecimiento del PIB gracias al cual podremos salvar nuestro culo cuando nos jubilemos. Entre ellos y el saqueo institucional generalizado podemos aspirar a un futuro de tremendo bienestar, sin contar otros beneficios colaterales, como el aumento proporcional de la seguridad en las calles que supone la asimilación forzosa de individuos tan semejantes a nosotros que, además, son “los mejores y los más valientes” de sus respectivos países, como declaró Carmena. El objetivo es proteger y dar brillo a la inmigración masiva como sea, ya nos han advertido muchas veces, no hay vuelta atrás, así que lo mejor es maquillarlo.

El caso de lo ocurrido en Madrid es una pequeña muestra de lo que nos espera.

La agitación programada del conglomerado mediático rouresorosiano, eldiario.es, público.es, Nacho Escolar, Jose Luis Sánchez, IU-Podemos, etc, con los disturbios y la salvajina de Lavapiés responde a un manual básico; aprovechar cualquier coyuntura para obtener rédito político y avance en las políticas multiculturales, cualquier situación es buena para atacar la idea de la patria (España es de todos, no sólo de los españoles), la religión (pilar heteropatriarcal de la opresión adoctrinadora machista), de la cultura occidental (encerrada en sí misma, xenófoba y supremacista, privilegia al hombre blanco a costa del expolio de los países tercermundistas), hay que echar la culpa de todo al machismo (vivimos en una cultura de la violación), al racismo (la sociedad española en su conjunto es racista, hay que atacarla, deconstruirla), a la Iglesia y a la ultraderecha (infiltrada y organizada, ha dirigido los disturbios en Lavapiés mientras los senegaleses sólo actuaron de forma pacífica excepto momentos puntuales de lanzamiento de adoquines, rotura de mobiliario, destrozo de automóviles de los propios vecinos, camión de bomberos incluído y algún coche de patrulla policial, cabina de venta de cupones de la ONCE, cajeros, escaparates, contenedores, incendios varios en calles estrechas con grave peligro para la vida de los residentes, etc).  Los antifas no estaban, -como se puede apreciar en decenas de vídeos donde centenares de encapuchados laboraban mano a mano con los senegaleses- sólo estaba la ultraderecha.

Una vez demostrada la causa de la muerte del senegalés infartado, la mugre mediática continuó, erre que erre, culpabilizando a la racista Policía por persecución quilométrica indebida al hombre hasta caer fulminado en una especie de carrera depredadora, de caza al negro por ser negro, pretendiendo aumentar el odio contra los uniformados  gratuitamente, señalándolos como fascistas y asesinos.

Lavapiés ha creado escuela, todos los detenidos fueron blancos y españoles, haber detenido a un senegalés durante los disturbios hubiese supuesto un redoblamiento de las acusaciones contra la Policía y las instituciones por xenófobas, un avivamiento del conflicto que sería legitimado por el emporio mediático y ONGs afines, los inmigrantes han salido impunes y no sólo eso, han aprendido que pueden tomar las calles e imponer la barbarie y que son intocables, un conjunto de “víctimas” que pueden tomarse la justicia por su mano para compensar el “racismo estructural” que sufren, están por encima de la ley y lo saben y volverán a demostrarlo en cuanto se les presente otra ocasión.

Los españoles, de clase media para abajo, son ciudadanos de segunda, se les aplica toda el peso de la ley en cualquier circunstancia, sufren la peor de las miserias, deshaucios, pobreza (mientras en Madrid tenemos 176 puntos de recogida gratuita de alimentos para no españoles, los pocos lugares que quieren ayudar a los autóctonos son atacados sistemáticamente por racistas, apedreados y clausurados) paro, explotación laboral, y en conjunto estamos abocados a la extinción desde hace décadas (con una tasa de natalidad del 1´3 la cuestión es irreversible, científicamente) sin que nadie reclame medidas elementales para poder siquiera sobrevivir y perpetuarnos, esto es una clara discriminación hacia los españoles, perpetrado por nuestros propios dirigentes y por muchos otros gerifaltes europeos, pero que a nadie se le ocurra denunciarlo porque el FMI ya tiene la solución para nosotros.

 

 

 

 

Miguel Martín
News Reporter

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