Golpean a un hombre en la cabeza por llevar tirantes de la bandera de España
¡A esto hemos llegado! Dos jóvenes, aunque sobradamente cobardes y alevosos, le mazaron el cráneo con una barra de hierro a un señor de 55 años después de llamarle facha, simplemente por vestir tirantes rojigualdos. No colmados por sus instintos más primitivos, los machotes, ya con la víctima en el suelo, decidieron patearle la cabeza para redondear la faena en plena calle. A falta de huevos, el crimen lo premeditaron por la espalda, requerimiento necesario para cualquier hombre fallido.

La fuente de sus males fue el sarpullido alérgico a la bandera de España y a todo lo español, el que porte cualquier complemento patrio es objetivo y diana del primer asaltante perroflautero antisistema que pase, dispuesto a sacrificar al contrario en el altar de su intolerancia. Si son dos contra uno, claro, que si tuvieran que medirse con perchas parejas lo habitual es que se hagan caquita.

Pero no se olviden que el fascista es el martirizado indefenso, los asesinos son los justicieros necesarios, los héroes de la nueva España del homo sovieticus que limpian las calles de fachas porque, de alguna manera, el discurso político diario parece querer alumbrar un engendro donde no cabe la defensa del propio país, de sus valores y tradiciones ancestrales. Hay que convertir en cenizas siglos de sudores, luchas y sacrificios, socavar la historia amparados en las ineptitudes y silencios cómplices de nuestros pastores parlamentarios.

No habrá grandes pancartas y algaradas mediáticas como sucede cuando la víctima pertenece a algún colectivo sobrerrepresentado, no le dedicarán manifestaciones y programas televisivos porque es un “caso aislado” un muerto más de una riña callejera, un don nadie cuyo caso no favorece a las urnas. Y además español.

Las conciencias embalsamadas no podrán atisbar el alcance y los porqués que anteceden y se derivan de este crimen, las causas sociológicas que se vienen fermentando desde hace años, la orgía de permisividades que llega a convertir a dos jóvenes en ratas cloaqueras que se desmandan y gozan de sus peores atavismos con tal de ver acuclillados a “sus rivales” que no ceden ante su patológico argumentario.

Nos adivinamos que la cosa no va a parar aquí, ejemplos varios de verdadero odio hemos tenido de sobra, de los más vomitivos fue la persecución y griterío contra aquel padre que osó llevar a su hija vestida con la camiseta de la selección española y que, de no haber uniformados en el lugar para protegerlos, se los hubieran merendado enteritos y sin pelar a los dos de una tacada. Cada vez me acuerdo más de Yugoslavia.

Os dejo el enlace de la noticia.

Miguel Martín
News Reporter

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