¡Feliz Solsticio de Invierno! …y otras soberanas tonterías

Esta es mi manera “políticamente correcta” e inocente felicitaros a todos el solsticio de inverno, aunque ciertamente, de inocente no tiene nada (y de políticamente correcta tampoco). Hay quien habla de “Navidad”, pero parece que eso ha pasado de moda. Bueno, lo cierto es que esto es más fruto de la suspicacia que de la inocencia, y si te consideras una persona acomplejada, te aconsejo que dejes de leer. Si eres una persona acomplejada de tu cultura, de tu historia, de tu tradición… ¡para ya! Y si no, al menos no digas que no te avisé.

La España de los acomplejados

Me atrevo a decir que España es un país acomplejado, y de los más acomplejados que hay. Hay gente que se dedica a hacer que así sea, y eso es doloroso. Desde la Edad Media hasta el día de hoy, pasando por el descubrimiento de América. Todo lo hemos hecho mal. Somos unos genocidas, gobernados por reyes y dictadores déspotas (salvo momentos de lucidez republicana), sin olvidar la Iglesia represora y reprimida. Sinceramente, estoy un poco harto de la visión marxista de la historia que se impone tantas veces, y de que se juzguen los acontecimientos pasados anacrónicamente. Hay quien cree que por ser modernos molones en otro tiempo habría sido mejor. Y quizá incluso cree que tendría los mismos valores que ahora. Los heraldos de la historia que se alzan contra los casposos actuales. Me habría gustado verlos…

Lo cierto es que España tiene un complejo que otros países no tienen, y esto es un sentimiento de lo más romántico. Todo lo que en otro momento se reconoció como bueno, hoy tiene que ser dinamitado y hecho trizas por los historiadores modernos. Y, la manera más mejor de solucionarlo, es volvernos políticamente correctos. Ahora bien, una cosa es ser políticamente correcto y otra ser idiota. Somos lo que somos hoy por aquello que hemos recibido y por las circunstancias políticas, sociales e históricas que hemos heredado. Ya está bien de querer amputar la historia con un bisturí. Cualquiera de nosotros, el que lee y el que escribe, somos lo que somos, con una historia compleja. Hay cosas de las que hoy nos sentimos más orgullosos y otras de las que menos, pero todas nos han hecho lo que somos hoy. Y si hoy estamos contentos con lo que somos, viviremos agradecidos por lo que hemos vivido.

Quizá con nuestra historia deberíamos hacer lo mismo. Primero, conociéndola y documentándonos. Después asumiéndola.

De lo aséptico a lo políticamente correcto

Sin embargo, como he dicho antes, esto hoy no ocurre. Hay quien cree que la mejor manera de mejorar es partir de cero, aunque creo que saben que esto es imposible. Y, particularmente, lo digo por estos días. Hay quien se niega a aceptar que es Navidad. Hay quien se cree con autoridad para cambiar su significado. Como ya no creemos en Jesús, vamos a celebrar otras cosas. Volvamos al solsticio de invierno. Es más natural. Cierto, es más natural, pero una tontería como cualquier otra. Lo cierto es que la Navidad, las tradiciones navideñas, son cristianas. Y a quien no le guste, que no lo celebre. Sin embargo, me parece absurdo sacralizar cosas que no tienen que ver con nosotros o ningún fundamento sacro. Es como si rechazara la tradición arquitectónica por x motivos y me fuera a vivir a una cueva. Muy bonito si a ti te gusta, pero a día de hoy es absurdo.

Y bueno, puedo aceptar que haya quien quiera celebrar el solsticio de invierno, como si celebra el nacimiento de un charco. Lo que no entiendo es la ambigüedad o la hipocresía impune. No entiendo que se quiera sepultar la Navidad con el solsticio de invierno. No entiendo que en Valencia se organice una cabalgata con tres mujeres en Navidad para celebrar el solsticio de invierno. No entiendo que la malicia no salga a la luz. No entiendo que se quiera sepultar a los 3 reyes magos por no sé qué ideario machista y pseudolibertario. No entiendo que se juegue con la ilusión de los niños que sí creen en algo por los idearios descreídos de una panda de políticos. Matad la ilusión de los niños, pero si luego no añoran nada ateneos a las consecuencias.

Acabaremos estigmatizando la Navidad y felicitando el Ramadán

Y aquí vuelvo a lo de antes. Tenemos tal complejo ante la fiesta cristiana de la Navidad, que es como si felicitar a los cristianos fuera casposo. En otros países, los políticos felicitan a los cristianos que celebran una fiesta importante para su fe. Aquí, la mitad calla y la otra mitad felicita el Ramadán. Los que callan, acomplejados, para que su felicitación no se utilice en contra suya políticamente. Los que felicitan el Ramadán, son modernos e inclusivos, aunque luego obvian sus tradiciones y pretenden hacer como que no pasa nada. ¿Tan difícil es ser justo? ¿Tan difícil resulta felicitar a unos y a otros? Se ve que sí…

Ante estas cosas, surge de mi mente un pensamiento: nos extinguiremos por imbéciles. Quizá algún día nos dejaremos de ocupar en levantar muros para construir puentes. Quizá algún día dejaremos de estigmatizar a unos para ensalzar a otros. Quizá algún día pase por encima la persona de la ideología, y no al revés. No sé si lo veremos, pero confío en que así sea.

Yo, por mi parte, seguiré felicitando la Navidad. Navidad es tiempo de ternura. Navidad es tiempo para la familia. Navidad es tiempo para la amistad. Navidad es tiempo para la ilusión. Navidad es tiempo para el amor. Y todo esto es fruto, para los cristianos, del nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios.

Por todo esto, ¡Feliz Navidad!

 

 

 

Acta est fabula
News Reporter
Ante la oportunidad de la decadencia se puede ser políticamente incorrecto. Y si necesita más galones, quizá no haya entendido nada. La Inquietud salvará al mundo, o nos extinguiremos por imbéciles.

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