Calorreo hispánico. Los Pichis asesinan a dos ancianos pero los racistas somos nosotros.

El clan de los Pichis -sucios pero sanos- lleva más de una década transformando un barrio trabajador de Bilbao en una porqueriza de miedo y agobios en el que salir a la calle a por el pan o a buscar a los críos al cole suele convertirse en una prueba de obstáculos en la que hay que sortear humillaciones y amenazas, robos con la chori a plena luz del día y porque sí, ocupaciones de vivienda y todo lo que uno se pueda imaginar cuando vive rodeado de cabestros salvajes en permanente actitud desafiante.  Hasta permanecer en casa puede suponerte la muerte, como le sucedió a una pareja de ancianos que  encontraron un final macabro, entre cuchilladas y hostiones de campeonato, indefensos y achacosos por la edad, ante dos malnacidos  que desde bien canijos supieron que, en el barrio, ellos son los que mandan y la ley y la pestañí es para los payos. Los púberes, por ser menores, no se les puede juzgar, endevé.

El vecindario -más de mil familias decentes-, a juzgar por los 15 años que llevan doblando cervicales con esta situación, me parece que están criados en corral, excesivamente pasivos y domesticados -esto es una impresión personal que no hay que tener en cuenta-, incapaces de voltear la tortilla, siendo muy superiores en número y legitimados por un buen puñado de razones, como para andarse de manifa mariqueando y dando pena, suplicando medidas y justicia a quienes se llevan riendo de ellos mucho más de 15 años, políticos y fantoches anejos que se han dedicado a full time a perorar sobre la tolerancia, la convivencia, la paz y toda esa retahila de vaciedades que jamás arreglan nada por mucho que se invoquen. Hace unos días, los paisanos gritaban “menos ayudas, más mano dura”.

Si con esta quincalla lo único que se puede hacer es reabrir el circo romano para que se relaman los leones, no es menos cierto que muy por debajo de ellos, en cuanto a catadura y méritos, están los Aburto y cía, que después de varios episodios de terror recientes en su ciudad, agresiones, violaciones y algún otro asesinato, se despachan quitando hierro al declarar que son casos puntuales y aislados y tralará. A estos hocicos de mandril, que tan bien hablan y mejor falsean, en otros tiempos y en otras sociedades (ley mordaza obliga) les darían a elegir; soga o garrote, bebida y postre a parte.

Y como estos chimiscoleros encorbatados vienen de vuelta y cuentan con asesores y con toda la  ingeniería social y argucias a su servicio han metido de por medio a ONGs como SOS Racismo, aunque este no sea un caso de racismo sino de asesinato cuyos autores son de raza gitana. Y así construyen un mamotreto de compensación del crimen que raya en la justificación, porque los gitanos del lugar no se integran no porque no quieran sino porque no se les deja, la sociedad no les da oportunidades y claro, no les queda más remedio que escoger los malos caminos hasta que al final cometen el pecado capital que todos estaban esperando tal y como los derroteros venían avisando. Si es que, la culpa es de la sociedad, llegaron a insinuar, “porque está enferma”.

Si alguien duda de qué tipo de individuos hablamos sólo hace falta observar cómo se comportó una parte del clan de los Pichis cuando en su día se trasladaron de Ollerías (Bilbao) a Abetxuco (Vitoria) donde ocuparon ilegalmente la vivienda de una vecina.  Como era de esperar llevaron también los mismos problemas a este nuevo lugar atormentando al vecindario -“todas las denuncias las tenemos ganadas” declaraban los vecinos en enero de 2017-  hasta el punto que los  abetxucotarras se manifestaron incesantemente contra las conductas de estos nuevos inquilinos sin obtener respuestas y soluciones por parte de sus políticos, ni de la Justicia, nuevamente, como les pasó a los bilbaínos.

Pero eso sí, otra vez intervino SOS Racismo al mando de Fede García -de una hipocresía jesuítica difícil de igualar- para apoyar a los Pichis en su denuncia ante el Fiscal superior “por sentirse acosados por los vecinos”, y que tuvo la jeta de mofarse de la vecina a la que ocuparon la vivienda  pegándole un cartel de su organización en la puerta -una vez recuperada la propiedad- que decía; “Arantxa estás en tu casa, gracias por haber permitido de forma tácita 100 días bajo techo a una familia en situación de exclusión social. Nuestro agradecimiento. Esquerrik asko”. Este tipo de ONGs son las que orientan a inmigrantes y ciertas minorías a buscar ayudas sociales señalándoles las puertas a las que deben acudir. Perfecto. La familia de los dos menores asesinos cobraban en ayudas unos 3000€ según publicó algún medio.

Pero lo que no se puede tolerar es que éste babieco reviejuelo, que se pone chulo y retador en la tele, insulte a la población que apanda estoicamente con esta rehala simiesca de descerebrados incivilizados tratando de victimizarlos como si ellos fuesen los perseguidos y acosados y los demás sean poco menos que hordas racistas kukluxklaneras. Y si por un casual me lee algún vecino sufriente que sepa que no hay más remedio que organizarse y unirse y combatir como sea a estos indeseables una vez que se ha demostrado meridianamente que no cuentan más que con sus propias fuerzas y determinación, o actúan contundentemente o seguirán obligados a vivir encarcelados en sus propias casas esperando el próximo asesinato. Ayer en Otxarkoaga, mañana en cualquier parte, los racistas, cómo no, pondremos los muertos.

 

 

 

 

 

 

 

 

Miguel Martín
News Reporter

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