Los animales ya no son cosas… ¡y yo que pensaba que los vendían en Ikea!

Menos mal que estamos centrados en lo realmente importante. Menos mal que los políticos por fin se han puesto de acuerdo con esto. Yo me estaba volviendo loco. Yo que pensaba que un animal era equiparable a un cojín, una silla o una idea. Pero no; por fin se ha establecido: los animales no son cosas. Si no llegan a decidir esto, me paso la vida confundiendo a mi gato con unos calzoncillos. Esta propuesta, promovida por el PP, tiene su parte buena, o al menos a mí me lo parece. Sin embargo, con esta proposición de ley puede pasar como cuando vas a comprar el pan: que empiezas comiéndote la puntita y acabas con toda la barra.

De cosa a “ser vivo” y de “ser vivo” a “ser sensible”

Como dijo un sabio: “las cosas de palacio van despacio”. No se puede pasar de “cosa” a “animal” así sin más, de golpe. Las cosas tienen que ir despacio. En vez de denominarlos “animales”, que es, sin más, lo que son, preferimos darle una denominación legal distinta: “seres vivos dotados de sensibilidad”. La finalidad teórica, que los animales dejen de ser considerados como bienes muebles; la finalidad práctica, darle popularidad a los Populares. Y ojo, que no me parece mal que lo hagan; todos los partidos políticos utilizan medidas para ganar popularidad más que para llevar a cabo su programa, y los que no lo aceptan, son los que más los usan. Al final, nada que ver con que los animales se consideren lo que son: animales.

El lector pensará que simplemente me gusta quejarme de todo. Pero de verdad que no es así. A mi me gustan los animales, pero una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Partimos de que “ser sensible” es algo muy amplio, y una palabra más filosófica que legal. Si a esto le sumas que hoy en día es posible tener de mascota casi a lo que sea, fruto del postureo más que de la posibilidad, cualquier día llamaremos “ser sensible” a cualquier cosa. Ciertamente, una cucaracha es sensible en el mismo sentido que lo es un perro, pero creo que los que secundaron esta propuesta pensaban más en lo segundo que en lo primero.

Los animales deben respetarse, por supuesto. Es más, a los animales se les debe hacer justicia a lo que son, pero hasta ahí. Lo que no se puede es tratar a un animal como a una persona. Ahora podremos pensar que algunos animales son mejores que algunas personas, que lo que nos diferencia es una cuestión netamente evolutiva… pero si has tenido un gato sabrás que, si pudiera, te comería, y eso que son “adorables”. Los animales son lo que son: utilizan los medios de los que disponen para llevar a cabo aquello a los que le mueve el instinto. Las personas en cierto sentido también, pero podemos negarnos a esos instintos. Y, dentro de los medios, se encuentra la racionalidad, así que vamos a utilizarla.

De “ser sensible” a “persona jurídica”

Este es el salto que en muchos sentido se pretende. Que el animal sea sujeto jurídico. Pero, a mi juicio, esto es una soberana tontería. En primer lugar, por lo de sujeto; en segundo, por lo de jurídico. Un sujeto es aquél que posee subjetividad. Queridos animalistas, puedo aceptar que mi perro Johny tenga subjetividad en ese supuesto mundo de la racionalidad perruna, pero para nosotros no puede ser un interlocutor válido.

¿Tan difícil es aceptar que el animal es un animal? ¡Eso no menoscaba su manera de estar en el mundo, más bien le hace justicia! Yo puedo querer mucho a mi perro, pero por más que le quiera no va a dejar de ser eso: un perro. Me gustan los animales, pero como lo que son, un medio para satisfacer unos fines: compañía, afecto, comida… Depende de cada caso. ¿No será mejor aceptar esto, que pretender poner a animales y personas a la misma altura como excusa para hacer de las personas medios que satisfagan unos fines? Según nuestros cánones sociales, uno puede darle el valor que quiera a su mascota, pero por más que nos empeñemos eso no nos libra de hacer justicia a las otras personas como lo que son: personas.

Dejemos ya el mito del hombre de la selva: un niño en una selva no sería amamantado por una loba; sería wishkas de la mejor calidad. Y tengo que aceptar que, por mucho que me gusten los perros, hay países en que se los comen. Mi meta no es evitar que se coman a los perros, sino evitar que se coman a “mi” perro. Sinceramente, solamente espero que el día en que blindemos los supuestos derechos de los animales, sea porque ya no es necesario luchar por ningún derecho de ninguna persona.

 

 

Acta est fabula
News Reporter
Ante la oportunidad de la decadencia se puede ser políticamente incorrecto. Y si necesita más galones, quizá no haya entendido nada. La Inquietud salvará al mundo, o nos extinguiremos por imbéciles.

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